La palabra esperanza deriva del verbo esperar, pero no es lo mismo esperar que tener esperanza. Si espero el colectivo, no puedo decir que tengo esperanza. La esperanza no es solo esperar, es básicamente una actitud constructiva que parte de mí. La espera sola, es algo simple. La esperanza es rica y altamente positiva. Cuando yo quiero que las cosas o las personas cambien y me involucro en esa búsqueda, entonces sí puedo decir que tengo esperanzas.
La esperanza no es como la lluvia que cae de arriba, no, la esperanza es una fuerza interior que nos empuja a querer conseguir lo que se pretende. Para que haya esperanza debe haber algo importante que se quiere lograr para uno o para muchos. Por eso, la esperanza puede ser individual o comunitaria. Y si somos muchos lo que queremos lo mismo, esta fuerza se multiplica y la esperanza es mayor.
Cuando creemos que las cosas pueden cambiar sin nuestra participación, damos por sentado que pretendo un hecho mágico. Pero lo mágico no existe, es ficción, es una mentira. Además, las personas, las sociedades, no cambian por un mero hecho evolutivo, no, todo cambia o puede cambiar si hay una intención de cambio y un proyecto al que se busca plasmar en la realidad, sea éste, personal, familiar o social.
Todo cambio debe venir acompañado o compartido por otros, dado que nadie se realiza solo, sino en sociedad, o sea, con otros. De ahí que un proyecto de familia, de sociedad o de país, debe ser compartido en su concepción y en su realización. Y a partir de ese punto podremos decir que tenemos esperanza de que se produzca lo soñado.
La esperanza puede ser religiosa si involucramos a Dios en esta búsqueda. La esperanza en Dios, no es quedarse con los brazos cruzados mirando el cielo. De ahí el refrán que dice “A Dios rogando y con el mazo dando”. Pero también mi esperanza puede ser simplemente laica, dado que en ambos casos, se parte siempre del hombre como actor protagónico.
Por momentos la esperanza es utopía, por lo imposible que parece la meta y por las dificultades para lograrla. Pero la esperanza es como un fuego que además de iluminarnos, nos llena de energías para seguir buscando, sin desfallecer.
“Esperar contra toda esperanza” es una frase que hemos oído algunas veces y nos conmueve porque es alguien que se ha jugado por el logro de lo aparentemente imposible. Es la esperanza en estado puro de los que mueren sin haber logrado lo que pretendían, pero fue esa misma esperanza la que justificó todo lo vivido.
Autor: Alberto F. Estrubia
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