miércoles, 29 de enero de 2014

La Sanación

Antes de entrar en tema, debemos partir de un acuerdo: el hombre es una unidad de materia y espíritu. Al decir materia nos referimos a su cuerpo, a todo lo que en él es sensible. Cuando hablamos de espíritu, nos referimos a algo que no es material y sensible, sino algo distinto, difícil de definir. Esta forma de ver es de toda la antigüedad y también de nuestros antepasados occidentales. Más modernamente, al  tratar el tema se coincide en teorizar que el espíritu es energía y la energía está muy vinculada a la materia. Si todos los cuerpos tienen energía, por lógica, todos los cuerpos tienen un grado de espíritu. En grado ascendente desde la piedra, a lo vegetal, a lo animal y al humano. Es el espíritu lo que informa la materia, él la sustenta sin ser ella misma. De ahí que cuando nos ponemos a ver todo lo que nuestra psiquis tiene de incidencias sobre nuestro cuerpo, nos adentramos en el misterio de una caverna sin fondo.

La mente humana con sus pensamientos, creencias, ideas, sentimientos, emociones, etc. genera energía y lo hace desde el cerebro a través de actividades electro-químicas. Por eso, nuestros sentimientos y pensamientos modifican nuestro sistema bilógico para bien o para mal. Cada  uno de nosotros tiene alguna experiencia sobre el tema, por ejemplo, un estado nervioso incide sobre el sistema digestivo; un estado de intensa alegría o intenso placer, hacen olvidar o minimizar un dolor físico.  Esto dice claramente que toda nuestra vivencia interior que podemos reducir a lo espiritual, incide en nuestro cuerpo material. Un enojo nos puede ocasionar un dolor de cabeza ¿y qué hacemos ante esto? Nos tomamos una aspirina. Atacamos al efecto y no la causa de nuestro dolor. Y desde este ejemplo parto  para decir que la medicina actual, mayormente atiende la enfermedad desde su causa bilógica, dejando muchas veces de lado las causas psíquicas que son tanto o más importantes. Y aquí está la diferencia entre curar y sanar. El médico con toda su ciencia y experiencia busca curar. Poder curar fue el objetivo de sus estudios. Pero está el sanador que no cura desde la medicina sino desde su propia fuerza interior, movilizadora de nuestro espíritu y consecuentemente de nuestro organismo. Y de esto también solemos tener pequeñas experiencias. Hay veces que tenemos algún problema que nos pone mal y no nos deja vivir en paz, y sólo hace falta que hablemos con un amigo o amiga, en la cual confiamos, para que nos devuelva la serenidad a partir del desahogo y la comprensión. Así opera la sanación, dinamizando al débil, quitándole las ataduras psicológicas que lo perturban y lo atan al dolor o la enfermedad.

El mundo está lleno de sanadores y que quede claro, que no reemplazan a los médicos. Sino que desde su sabiduría empírica ayudan para que la gente pueda vivir mejor liberándose de ataduras psíquicas producida por diversos motivos. Y haciendo extensivo este principio podemos decir que lo que llamamos “milagros” en la recuperación de la salud, se explican por la auto sanación.

Y entonces, ¿qué función cumplen los sanadores? En principio digamos que ellos no sanan, ayudan para que el enfermo se sane a partir de su fe en la persona que lo atiende y desde su propia energía. Y a esta energía sanadora, la produce el enfermo a partir de su creencia o fe en algo, que puede no ser específicamente religioso. Siempre tiene que haber algo superador que movilice al paciente a estados positivos para que pueda avanzar en su mejoramiento.
Y termino con un sentimiento sanador que es “la compasión” que significa “sufrir con”. Cuando el enfermo siente que otro comparte y acompaña su dolor, vive más aliviado y en mejores condiciones para recuperarse.

Autor: Prof. Alberto F. Estrubia