Todo lo que captamos a través de los cinco sentidos, de los captadores neurovegetativos que vienen del interior del cuerpo, lo que pensamos o imaginamos, se traduce en realidad biológica. Y diremos aún más: los conflictos que sufre el alma humana, las condiciones que nos agobian o atormentan interiormente redundan en el campo vital, para luego producir una secuela física.
Somos una unidad compuesta de cuatro realidades inseparables: orgánica, psíquica (mental), energética (vital) y emocional (anímica). No hay ni una sola célula del cuerpo que escape al control emocional, y éste no escapa al control del pensamiento, consciente o inconsciente; de manera que ni una célula del cuerpo escapa al psiquismo. Un shock siempre va acompañado de un sentimiento personal que repercute en los cuatro niveles biológicos. Cuando encontramos la solución consciente, esos cuatro niveles sanan simultáneamente.
A lo largo de un día no satisfacemos todas nuestras necesidades fundamentales. Cuando no las satisfacemos, nace una emoción. Si esa emoción se libera en el exterior bajo una forma artística, a través de la palabra, el baile o los sueños... todo va bien. Cuando el acontecimiento no está expresado, queda impreso interiormente y el cuerpo será el último nivel donde se ha de plasmar ese evento. La clave de la enfermedad física es la «angustia vital».
La verdadera sanación comienza desde el momento que revalorizamos las emociones, nos hacemos conscientes de ellas y las expresamos (bailar más a menudo). La gente está mucho tiempo en lo emocional pero son emociones transitorias, procuradas, de mero escape o sustitución: (fútbol, cine, etc) Un malestar compartido disminuye a la mitad la sensación de problema, continúa compartiéndolo y acabará desapareciendo. Una felicidad compartida se multiplica por dos.
Las enfermedades son una tentativa de autocuración, una reacción biológica de supervivencia frente a un acontecimiento emocionalmente incontrolable, de manera que cualquier órgano dañado corresponde a un sentimiento preciso y tiene una relación directa con las emociones y los pensamientos.
Este escrito está basado en una entrevista que se le realizó a Christian Fleche, psicoterapeuta, padre de la teoría de la descodificación biológica, realizada por Inma Sanchis, en La Vanguardia.
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