martes, 18 de febrero de 2014

La Voz de la Conciencia

La pregunta que nos brota, así de repente es ¿qué es la conciencia? Y ¿qué voz es la que identificamos como suya? Tratemos de orientarnos para responder a estas preguntas.

Conciencia, etimológicamente, se refiere a conocimiento. Somos conscientes de que existimos, por ejemplo. Conocimiento que cada uno tiene de sí mismo, teniendo en cuenta su dignidad humana, sus capacidades, sus realizaciones, etc. Se habla también de conciencia moral que es la referencia ética de nuestros actos en buenos o malos. Pero ¿desde dónde se mira para hacer esa clasificación? Muchos opinan que es una mirada religiosa, desde los Mandamientos del Sinaí. Otros muchos creen que es propio del hombre y de su  capacidad de discernimiento sano, el darse cuenta lo que está bien y lo que está mal. Si bien no hace falta la ley que dictamina, ésta puede ayudar. El hombre, varón o mujer, en sí mismo es bueno o buena, desde su nacimiento y niñez. Más tarde puede llegar a corromperse si las condiciones le son desfavorables o no lo ayudan.     Sobre la presencia del mal en el mundo se ha escrito bastante  y es algo complejo para explicarlo en dos palabras. Pero digamos que el hombre siempre está inclinado al bien y que cuando elige el mal, lo hace pensando que elige un bien, aunque sea personal y mezquino.

El que tiene conciencia de lo que hace, o sea, es cociente, es responsable de sus acciones. Quien no está bien en sus facultades mentales, no es culpable si obra mal porque no es consciente. Así también los sonámbulos.  Tomar conciencia es un acto de la inteligencia por eso podemos decir que nació con el hombre, desde el homo sapiens o quizás antes. Desde ese momento en que pudo comenzar a elegir, desde su inteligencia consiente, se da cuenta de las consecuencias de su obrar. Es interesante ver en la Biblia, la narración  del primer fratricidio. Cuando Caín mata a Abel, su hermano, se esconde para que Dios no lo vea. No había legislación que lo diga pero él sabe y es consiente que obró mal.
Hablar de la voz de la conciencia, es una metáfora, es una forma de decirlo. Lo que uno siente en lo más profundo de su conciencia, es lo que señalamos como la voz. La voz de la conciencia sería el núcleo más secreto del ser humano y es accesible sólo al propio sujeto.

Toda persona adulta equilibrada, sabe cuándo obra bien y cuándo obra mal, no necesita que se lo digan. Se lo garantiza su interior desarrollada en el tiempo. Cuando más sensible y más enriquecida esté, será más fácil detectar las diferencias. Siempre hay que tener una doble recepción,  desde dentro y desde fuera, lo interior y lo relacional. Escuchar mi conciencia y escuchar a mis próximos. Con posibilidad de comparar.

Autor: Alberto Fabián Estrubia