sábado, 30 de noviembre de 2013

Vivamos con SABIDURÍA

Lo primero que tenemos que aclarar es que “sabiduría” no es sinónimo de “ciencia”, no son lo mismo. A las dos le adjudicamos el contenido de “conocimiento” pero son enfoques distintos con que abordamos una misma realidad.
La sabiduría es un estado de conocimiento profundo que se logra desde la reflexión que hacemos sobre el hombre, en sus versiones varón y mujer. Es un conocimiento empírico, o sea, tiene que ver con las experiencias de vida. Sabiduría no es conocimiento científico. La ciencia es algo más estructurado que responde a leyes propias, utiliza métodos de investigación y saca conclusiones. Se circunscribe a un fragmento de la realidad, por eso hablamos de ciencias matemáticas, ciencias
naturales, ciencias sociales, etc. La sabiduría no se maneja con reglas, ni se circunscribe a un fragmento de la realidad. Su enfoque es más abarcativo, es de una visión totalizante sobre las formas de vivir, sobre las conductas humanas. El científico a partir del análisis de una realidad concreta, formula una teoría aplicable a la ciencia, el sabio observa la realidad y expresa un pensamiento práctico aplicable a la vida.

La sabiduría hace referencia al comportamiento humano, a su aspecto ético o religioso. Es de enunciación simple, o sea, no usa un lenguaje rebuscado, difícil; habla siempre con sencillez. No se adquiere con el estudio sistemático sino desde una reflexión aguda y honesta de la realidad del hombre y sus circunstancias.

En nuestra cultura popular tenemos dichos, sentencias y refranes, elaborados por nuestros antepasados que hablan de un saber rico y profundo. ¿Quién no sabe por ejemplo “que el que mucho abarca, poco aprieta”? ¿O que “nunca digas de esta agua no he de beber”?

El hombre, sea varón o mujer, no necesita ser muy instruido para obrar con sabiduría. Sólo le basta una conciencia recta y voluntad solidaria. En su naturaleza humana conlleva la potencialidad para realizarse plenamente como ser inteligente, autónomo y creativo, construyendo su bienestar y el de sus semejantes.

Los antiguos decían que la sabiduría venía de Dios y el hombre que busca a Dios, se le parece. Por eso, el respeto al sabio era casi religioso.

¿Y qué sería vivir con sabiduría? Justamente hacer lo que hicieron ellos, pensar la realidad del ser humano buscando lo esencial, viendo qué es lo más importante y fundamental en la vida: si la felicidad desde la bondad, la justicia y el amor o la fiebre enfermiza de dinero, de poder y de fama.

El hombre sabio no es soberbio, es sencillo y humilde porque sabe mucho pero también sabe que ignora más. Una meta posible para cada uno de nosotros.

Autor: Alberto Fabián Estrubia