lunes, 30 de junio de 2014

El deseo de Justicia

Los informativos nos muestran la violencia de los cortes de calles y piquetes   que se producen en las principales ciudades argentinas.  Esos hechos ameritan una lectura más profunda y deben ser resignificados por nosotros para que pierdan el carácter de espectáculo y pasen a ser lo que son, vivencias dolorosas.
 Y lo primero que nos podríamos preguntar es ¿qué los mueve a hacer eso?
¿Habrá algún motivo importante que los lleva a tal alboroto? ¿Podemos decir livianamente, que son inadaptados o acaso delincuentes? ¿O pensar que alguien les  paga para producir desmanes y son marionetas de algún poderoso? Difícil saberlo porque nunca nada es tan puro, ni nada es tan simple, sino más bien, complejo. Pero la protesta, seguramente,  pretende responder a algo que ellos califican como injusto. Es una manifestación ruidosa y quizá agresiva de ciudadanos que se sienten  víctimas y vulnerados en su dignidad.
 Esto es más habitual que hace unos años, porque la gente ha hecho carne sus derechos reconocidos. No digo “otorgados” porque nadie otorga derechos. Cada uno de nosotros es sujeto de derechos y como tal actuamos. Derecho a la vida, derecho a la educación, derecho a una alimentación adecuada, derecho a una vivienda, derecho a circular por los lugares públicos sin que me lo impidan, derecho a armar una familia, derecho a una definición sexual, derecho a pensar con libertad, derecho a agruparme según mi tarea o necesidades, derecho al descanso, derecho a los bienes culturales, etc.  Múltiples formas de sentirnos sujetos de derechos. Derechos, por otra parte, irrenunciables. Derechos a los cuales nadie los puede negar porque son propios e inherentes a nuestra condición de humanos. Por lo tanto, el tenerlos en cuenta es, en sí mismo, un hecho de justicia, el desconocerlos, un acto de injusticia y un agravio.
¿Qué sería la justicia?                                                                                      
Partiendo de la palabra, podemos decir, que obra con justicia aquel que es justo, o sea, el que reconoce a cada uno, sus derechos básicos. Y reconocérselo es, por ejemplo, legislar conforme a ello y  darle posibilidad para que lo  ejerzan.
Para ahondar en el significado de la palabra, relacionemos “justicia” con “justeza” que también viene de “justo”, y son casi sinónimos.                                              
En lo cotidiano utilizamos esa palabra para referirnos a cosas simples. Queremos una ropa que nos vaya justa, un color de pintura que se ajuste a nuestro rostro o a la fachada de nuestra casa; queremos que el vuelto que nos dan en el Super, cuando pagamos una mercadería, sea justo y que no nos roben. Lo “justo” es lo que corresponde. Y en esto somos celosos. Aunque a veces, haya personas que  no obran de igual manera cuando tienen que pagar un salario o comprarle algo a alguien que vende por necesidad o urgencia.
Jesús que predicó y trabajó por la felicidad de la humanidad, dijo cierta vez: “Busquen el Reino de Dios y su justicia”. Que es lo mismo que decir “Busquen el bienestar de todos, obrando con justicia, siendo uds. justos con sus semejantes”. Esto es central en las relaciones humanas: respetar al otro en sus derechos y pedir que respeten los nuestros.

Autor: Alberto Fabián Estrubia