El primero de estos órdenes es el de pertenencia. Nos muestra que nosotros nunca estamos aislados, siempre estamos conectados a otros, por ejemplo a nuestra familia de origen, a la que aquí llamaremos sistema familiar. Hablamos de sistema porque se comporta como una unidad, y si alguna de las partes, o miembros, se modifican, de alguna manera eso repercute en el todo, porque todos estamos conectados. Entonces, este primer orden nos habla de la necesidad de reconocer a todos los que son parte de este sistema del que estemos hablando, ya sea el sistema familiar, escolar, empresarial, etc.
Muchas veces ocurre que, por diferentes motivos, nos sentimos con derecho a excluir a alguna o algunas personas del sistema, negándoles el derecho a la pertenencia. Los motivos pueden ser, porque esta/s persona/s se han comportado de una manera no aceptada por los miembros del sistema, ya sea en cuestiones políticas, morales, religiosas, sexuales, etc. O a veces, porque recordarlas y reconocerlas nos representa un profundo dolor, como es el caso de aquellos hijos que murieron temprano, o que no llegaron a nacer.
Pero algo curioso sucede cuando nosotros excluimos a alguien del sistema: como el alma familiar no admite exclusiones, un miembro de la familia de una generación posterior, “representa” para el sistema a esta persona que ha sido excluida, lo recuerda de manera casi siempre inconsciente, y muchas veces a través de algún síntoma. Por ejemplo, si hubo en la familia un hombre que fue alcohólico, y por este hecho fue expulsado de la misma, quizá un nieto suyo, tenga también problemas con el alcohol, o las drogas, por ejemplo. Aunque no conozca la historia del abuelo, se sentirá llevado por un amor ciego hacia su abuelo, y con su síntoma le regresará, simbólicamente, la pertenencia al sistema.
Muchas veces encontramos a través del trabajo en Constelaciones Familiares que ciertas dificultades que se nos presentan en la vida se deben a estas transgresiones de este Orden, y se pueden recomponer reconociendo a todos y cada uno de los miembros del sistema su derecho a la pertenencia. En la medida en que cada uno tiene su lugar, yo también puedo tener el mío, en la familia, y en el mundo. Si todos los miembros del sistema son reconocidos, si les doy un lugar en mi corazón, me siento pleno, siento la fuerza de todos ellos en mis raíces, y a la vez estoy libre para seguir mi propio destino.
Autor: Ps. Laura C. Freyre
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